TESTIMONIO DE UNA RELIGIOSA
Soy Misionera de la Caridad, de la Congregación fundada por santa Teresa de Calcuta. He estado destinada en diversos países hispanoamericanos y ahora estoy en Honduras. Llevo muy dentro de mi corazón la devoción a la Divina Misericordia porque en Nicaragua la imagen de la Divina Misericordia se entronizó en muchísimas familias y para mí fue uno de mis más bonitos apostolados. En esta parte del mundo hay muchas familias de parejas que no tienen el sacramento del Matrimonio. Mi experiencia fue que después de entronizar la Divina Misericordia, las familias venían a pedir la preparación para recibir el sacramento. Abundantes gracias se recibieron. Y si Dios me lo permite, tengo en mi corazón iniciar este apostolado en Honduras.
Síster Paola MC
TESTIMONIO DE UN MATRIMONIO
TESTIMONIO DE EUGENIO
Yo, que tiendo a la introversión, jamás imaginé que me encontraría en el aprieto de dar públicamente testimonio del acontecimiento más íntimo, personal y transcendental de mi vida: mi conversión, mi encuentro con el Señor, ese acontecimiento que marca un comienzo y un tiempo nuevo en tu vida. Pero las buenas noticias hay que compartirlas, especialmente cuando se trata de NUESTRO PADRE DIOS, que continuamente nos llama, nos muestra los signos de su presencia, nos acompaña y sostiene en el camino. Por lo que a mí toca, entiendo que ante Dios lo que corresponde es abrir los ojos, los oídos y el alma, dejar de dar tumbos a ciegas para poder ver que el Sagrado Corazón de Jesús está ahí con los brazos abiertos para ti, con su amor y su infinita misericordia. Él arregló lo que estaba roto.
Soy hijo de una familia normal, mi madre me llevaba todos los domingos a misa y durante un tiempo fui monaguillo. Pero después… me alejé totalmente de la Iglesia y me olvidé de Dios.
Pasas la vida persiguiendo lo que te dicen que debes querer, una carrera, un buen trabajo, casa, coche, dinero… Y piensas que todo depende de ti y que tú solo te bastas, al tiempo que compruebas que la gente te decepciona y te convences de que no puedes confiar en nadie. Pasé de tener un buen trabajo a la ruina, a la soledad y a la desesperación. No sé qué habría ocurrido si en esos tiempos no hubiera tenido a mi esposa, pero yo seguía confiando en mis solas fuerzas, no dejaba espacio a Dios y por eso mi interior estaba vacío y en silencio.
Durante años trabajé largas temporadas lejos de casa, por toda España. Después llegaron golpes sucesivos que no te dejan ver la luz: murió mi padre, vino la pandemia, a mi mujer la diagnostican una enfermedad mortal…
Me rompí, dejé el trabajo para estar con Mamen, y yo, que no quería saber nada de Dios, le di un ultimátum: “Arregla esto o que se vaya todo al cuerno”. Sin saber cómo, de repente me llegó un trabajo pudiendo vivir en casa. Un trabajo que no esperaba y que nunca imaginé, en una empresa funeraria. El Señor se cobró su precio, quién como Él para llevarte a su terreno. Todos los días asistiendo a misas, a entierros y, lo que más le agradeceré siempre, ejercitando la caridad con el prójimo, ayudando a las personas en sus momentos más duros y de mayor duelo. Ahí aprendí a enfrentar el dolor y el sufrimiento, a encontrarle un sentido, y tú, inevitablemente, vas cediendo. Jesús ha tendido sus redes, te sabes en ellas y ya no quieres escapar.
Si tengo que poner una fecha en la que mi mundo cambió definitivamente, ese día fue el 21 de julio de 2023, en la Basílica de Nuestra Señora de Covadonga, durante la Santa Misa de 12:00. Ese día “la Santina” obró su particular milagro conmigo. Afronté mi primera confesión después de más de veinte años, comulgué y nací de nuevo.
El Camino lo anduvimos juntos, Mamen y yo, lo seguimos andando, y eso nos ha unido más que nunca. Fue un viaje al hogar, al Sagrado Corazón de Jesús del que no queremos retornar. Y llegaron las prácticas de piedad: oración diaria del rosario, confesión frecuente y Eucaristía, además de leer la Biblia e investigar toda la información católica a nuestro alcance.
Buscamos abrirnos al mundo, se acabó la oscuridad y la desesperanza. Con la alegría del converso, decidimos colaborar, como voluntarios, en la campaña “40 días por la vida”. Buscábamos nuestro encaje en la fe y en la Iglesia, la manera de organizarnos, crearnos un “plan de vida” en el cual Dios estuviera presente cada día y en todo momento.
Cuando te abres a Dios, te abres a la VIDA. Volvimos a reconectar con la familia y con los amigos, se presentó la oportunidad de realizar un viaje a Lourdes y quisimos compartir esta experiencia con nuestras madres. Volvimos fortalecidos en la fe.
Poco después una amiga nos animó a acudir a la peregrinación al Santuario de San José, de Talavera de la Reina, organizada por el Apostolado de la Divina Misericordia de Toledo. Estábamos dispuestos a vivir al máximo el año jubilar y a lucrar todas las indulgencias posibles, que buena falta nos hacían.
Estoy convencido de que allí Dios nos puso en el camino del Apostolado de la Divina Misericordia, cuyos miembros se han convertido en parte de nuestra “familia cristiana”. Rápidamente vimos claro que ese era nuestro lugar. El rezo de la coronilla quedó incorporado a nuestra oración diaria, y desde el 24 de junio de 2025 somos voluntarios oficiales del Apostolado.
Este año jubilar ha estado repleto de gracias otorgadas por Nuestro Señor, entre ellas, quizá la más tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, con la imposición del escapulario carmelitano, realizada por el párroco.
Como última reflexión, creo que no nos damos cuenta que lo único que Dios quiere es que le abramos una puerta y que reclamemos en su infinita misericordia. Que entendamos que sin Él nuestras solas fuerzas no pueden nada; es esta una verdadera cura de humildad que nos permite acoger la oportunidad de acoger y vivir la esperanza y el amor, entregándonos con absoluta confianza a su santa voluntad que es el Amor y la Misericordia mismas, sumergidos en ella.
TESTIMONIO DE MARÍA DEL CARMEN
Todo comenzó en 2021, con un diagnóstico médico, aunque debo decir, que nosotros siempre tuvimos al Señor muy presente, pero por aquel entonces, éramos “cristianos no practicantes”.
En mayo de 2021 se me diagnosticó un “carcinoma ductal infiltrante”, sin que previamente pudiera sospechar nada. Fui operada dos meses después, en plena pandemia y recibí doce sesiones de radioterapia. Pasados otros dos meses, en septiembre, mi madre, que se encontraba en nuestra casa con motivo de las fiestas patronales de San Miguel, patrón de Alberche, se cayó por las escaleras, sufriendo heridas graves. Prometí que si ambas salíamos de esta situación, acudiríamos durante un año a misa, todos los domingos, a la Basílica de la Virgen del Prado. Comenzamos con nuestra promesa, y aprendimos a rezar el rosario a la Santísima Virgen.
Al año siguiente, en julio de 2023, fuimos a Covadonga. Allí ocurrió el “milagro”. Eugenio y yo sentimos en aquel lugar la “apertura total” al Encuentro Divino, que tanto necesitábamos y que causó en mí conmoción, muchas lágrimas y mucha gratitud. Mi madre y yo repetimos este viaje en 2024 sin Eugenio, que no pudo asistir por su trabajo.
En este mismo año nos apuntamos como voluntarios en “40 días por la vida” y después un viaje a Lourdes con nuestras madres. No lo olvidaremos nunca ya que volvimos contentos y fortalecidos en la fe.
En 2025, gracias a una amiga, acudimos a una peregrinación al santuario de Patrocinio de San José, en Talavera, organizado por el Apostolado de la Divina Misericordia de Toledo. Allí conocimos a quienes en adelante se convertirían en parte de nuestra “familia cristiana”. A partir de aquí nos hemos integrado como voluntarios en este Apostolado, acudimos los viernes al culto en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, donde, de manos del párroco, recibimos con inmenso gozo su santo escapulario en un sencillo acto que para nosotros de intensa intimidad con nuestra Madre Celestial y con su Hijo, sumergidos en la infinita Misericordia de nuestro Señor.
¡¡¡GRACIAS POR TODO SEÑOR!!! ERES NUESTRO REY Y SALVADOR.
20 de agosto de 2025
DOBLE CURACIÓN INEXPLICABLE
Mi nombre es Carmen de Arcos Fernández y escribo este testimonio para dar gracias a la Divina Misericordia por el bien que derramó sobre mí.
Conocí a la Divina Misericordia en el año 2015, cuando fui a visitar una iglesia en Madrid que se llama Virgen del Mar, en el barrio de San Blas. Ya me habían hablado del Santuario de la Divina Misericordia que se encontraba en la misma. Cuando entré y vi el cuadro del Santísimo Cristo me quedé impresionada y, en ese mismo instante, me enamoré de Él. No podía quitar mi mirada de la suya. Me traspasaba el alma y comenzó una devoción hacia la Divina Misericordia que era, y sigue siendo, una necesidad para poder seguir adelante cada día.
En el año 2017, empecé a sentirme muy cansada, y a medida que pasaba el tiempo, comenzaron unos dolores insoportables en los hombros, sobre todo durante la noche. No podía estar acostada más de diez minutos, por lo que apenas dormía. Así mismo, no podía cerrar las manos, y me costaba muchísimo la movilidad de los dedos por lo que me operaron del túnel carpiano de ambas manos. Pero seguía igual. El cirujano decía que la operación había salido perfecta, que yo no hacía los ejercicios. La espalda me dolía y el andar me resultaba difícil. No me podía agachar, ni coger nada con las manos. Me costaba muchísimo levantarme y si me caía no podía levantarme por mí misma. Fui a varios traumatólogos y uno de ellos quería operarme de los hombros, a pesar de que los ejercicios de evaluación los hacía correctamente. También fui a Medicina Interna pero, después de análisis y pruebas me mandaban otra vez al traumatólogo. Fui a consulta de Reumatología y de Ginecología (para revisión). Estas doctoras me pidieron análisis de proteínas totales en sangre. Los resultados coincidieron en el tiempo y me diagnosticaron un cáncer de médula ósea con nombre de MIELOMA MÚLTIPLE. Es un tipo de cáncer que se forma en los glóbulos blancos, llamados células plasmáticas.
Las células plasmáticas cancerosas se acumulan en la médula ósea. La médula ósea es un tejido suave dentro de los huesos, donde se producen las células sanguíneas. En la médula ósea, las células cancerosas se desplazan a las células sanguíneas sanas. En lugar de producir anticuerpos útiles, las células cancerosas producen proteínas que no sirven. Esto produce complicaciones del mieloma múltiple.
Todo este tiempo, desde septiembre de 2017 hasta enero de 2019, buscando la enfermedad, dio lugar, debido al exceso de las proteínas que mi cuerpo no era capaz de eliminar, a una nueva enfermedad AMILOIDOSIS LA.
La amiloidosis es un grupo de enfermedades raras y graves que ocurren cuando proteínas anormales, llamadas amiloides, se pliegan incorrectamente, se acumulan y se depositan en órganos y tejidos. Actualmente, la amiloidosis no tiene cura definitiva.
Me trataron en el Hospital Universitario Moncloa, el equipo del Dr. Fernández Rañada, durante todo el año 2019, estando varias veces ingresada para el tratamiento, pruebas y seguimiento de las enfermedades.
Durante el año que estuve sin tratamiento, rogaba a la Divina Misericordia que me curara de lo que tuviera y que me diera fuerza si no era esa su voluntad. Debo confesar, que a veces, me desesperaba de dolor y cansancio. Las lágrimas no me permitían ver que Dios estaba cerca de mÍ!!
En los tres meses antes de ingresar y hasta que me pudiera recibir la hematóloga, la reumatóloga me recetó corticoides y eso me quitó el dolor. Desde ese momento mi confianza en Dios volvió triplicada y ya, sin la desesperación de no saber que me pasaba, comencé a tranquilizarme y abandonarme en la Divina Misericordia. Le decía: hágase en mí tu voluntad, y si tu voluntad es curarme, daré testimonio de tu gracia durante toda mi vida.
Cuando tuve la consulta con la hematóloga y me comunicó que tenía cáncer, Mieloma Múltiple, lejos de asustarme o apenarme, le dije: Me voy a curar!!! Lo dije con tal seguridad que no sabía cómo actuar.
Durante mi estancia en el hospital, mi actitud era de plena confianza en los doctores, porque tenía total certeza de que la Divina Misericordia estaba acompañándome y guiando a los profesionales.
En dos ocasiones, tenían que hacerme unas pruebas muy dolorosas, pues me habían retirado los corticoides, y cuando me lo decían, le rezaba a la Divina Misericordia y le decía: “Por favor, sabes que no voy a ser capaz de soportarlo, si es tu voluntad, quítame esta prueba”. Al día siguiente, en la visita de los doctores me dijeron, no te vamos a hacer la prueba!!!
¿Qué prueba más quería tener para tener la certeza de que Dios estaba ahí?
Una vez que ya comenzó el tratamiento, lo pasé sin dolor, sin desesperación, siempre con buen humor y alegría. MI habitación estaba llena de luz y por allí pasaba mucha gente a pasar un ratito… ¿Sentían a Dios? Seguro que sí.
Y llegó el día 30 de noviembre de 2019 (un día después de mi cumpleaños) y me hicieron el autotransplante. Todo salió bien. El día 4 de enero de 2020 me dieron el alta hospitalaria.
Estuve hasta el 14 de abril de 2024 tomando una pastilla de quimioterapia. El Mieloma Múltiple había desaparecido pero aún tenía esa enfermedad rara e incurable, la Amiloidosis LA.
Naturalmente, seguía pidiendo a la Divina Misericordia que me curara al igual que lo había hecho con el cáncer y en el mes de junio de 2025, tras una revisión me dijo que no había rastro de la Amiloidosis. ¡¡¡Gracias a Dios, que me ha curado!!!, le dije, y naturalmente dijo: “No, estos son los medicamentos que te hemos puesto”. No discutí, no quería que nada ni nadie me quitara ese momento de gracias a Dios. ¿¿¿¡¡¡¡Una enfermedad rara e incurable, se había curado…..!!!???
Ya llevo 6 años desde el autotrasplante, con revisiones cada seis meses y, gracias a la Divina Misericordia, está todo perfecto.
Carmen de Arcos. Apóstol de la Divina Misericordia. Cáceres. Abril de 2026
